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«Soy levantadora de potencia en la federación convencional noruega, atleta de fuerza clase élite con discapacidad y plusmarquista mundial»

Karen, enferma de alfa-1

Me llamo Karen, tengo 46 años y soy atleta de élite con discapacidad. Gracias a mi tratamiento con plasma, puedo hacer deporte, llevar una ONG que trabaja en todo el mundo para socializar y movilizar a personas con enfermedades pulmonares y divulgar entre el público información sobre las afecciones pulmonares en general, y la deficiencia de alfa-1 en particular.

Este tratamiento me ha devuelto parte de mi vida. A lo largo de los últimos seis años, de forma lenta pero segura, he podido volver a la vida deportiva y hoy soy la primera atleta con terapia de oxígeno certificada por la Agencia Mundial Antidopaje para su uso en competición. También practico carreras de obstáculos y fui la primera atleta con terapia de oxígeno que participó en el campeonato del mundo de esta modalidad. Aún me queda mucho que hacer en mi carrera deportiva, tengo grandes objetivos y me emociona abrir camino para los que vengan después de mí.

Soy levantadora de potencia en la federación convencional noruega, atleta de fuerza clase élite con discapacidad y poseo varios récords del mundo. Gracias a mi tratamiento, puedo continuar en mi empeño por cambiar los criterios paralímpicos. Quiero que también a los niños con fibrosis quística, por ejemplo, se les permita tener un sueño paralímpico, ya que actualmente están excluidos de los deportes paralímpicos.

Estaré eternamente agradecida por tener la suerte de vivir en un lugar en el que se ofrece diagnóstico y tratamiento. Ese es también el motivo por el que trabajo arduamente para que los demás puedan acceder al tratamiento. Antes de que me aplicasen el tratamiento con plasma, estuve luchando por mantenerme con vida durante dos años, años que pasé fundamentalmente en hospitales y en rehabilitación. Al superar esta fase, me mudé y poco después me dieron el diagnóstico y todas las piezas del gran rompecabezas de mis pulmones encajaron. Aunque el camino para recuperar mi vida fue largo, ya tras la primera dosis sentí que algo había cambiado en mi cuerpo. En los siguientes años, fui recuperándome, pasando desde no poder andar ni hablar hasta conseguir una vida deportiva.

Mi vida es verdaderamente maravillosa, la disfruto al máximo y estoy agradecida por cada día bueno que tengo. El tratamiento con plasma me está dando una segunda oportunidad. Vivir con déficit de alfa-1 y con una enfermedad pulmonar puede ser duro y difícil, pero con acceso al tratamiento puedo tener una vida plena.


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